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06 octubre, 2010


La casa del futuro

La Casa E, la llaman. Y cuando la nombran, un halo de literatura fantástica envuelve la conversación. Es que bien podría haber sido una creación de Ray Bradbury o una premonición de Julio Verne. Cuando BASF se propuso, al comienzo del año pasado, comenzar la construcción de un “hogar del futuro”, las miradas de los empresarios de la construcción y las autoridades primero fueron de curiosidad y después de aprobación. En menos de un año y medio, la empresa química alemana levantó la primera Casa de Eficiencia Energética de América del Sur en la planta que tiene hace 20 años en Tortuguitas.



Se trata de una vivienda para una familia tipo que, gracias a los materiales que se usaron en su edificación, reduce en un 70% el consumo de energía , ahorra recursos no renovables (como el agua) y disminuye la emisión de dióxido de carbono.


“Este concepto no sólo es viable para casas de alta gama, sino que tiene una enorme aplicabilidad a viviendas sociales”, explica Diego López Casanello, presidente de BASF Argentina. “Queremos que la Casa E sea un ejemplo o una muestra para que otros empresarios de la construcción o funcionarios gubernamentales verifiquen que se puede contribuir con el medio ambiente sin dejar de progresar en lo arquitectónico. Se podrían hacer hogares cuyo mantenimiento sea más económico y, a su vez, permitan el ahorro energético que beneficiará a los usuarios que menos tienen”.


Un millón y medio de euros fueron invertidos en los trabajos sobre la superficie cubierta de 200 metros cuadrados ubicada en Constituyentes 1758, en el partido de Malvinas Argentinas. Cada uno de los elementos que forman la casa de dos plantas (aportados también por las empresas Rehau, Stieglitz y Veka) es una tuerca en el engranaje que se mueve en pos del ahorro energético.




Así, por ejemplo, las paredes del edificio tienen un aislamiento térmico exterior de placas de poliestireno expandido de última generación, que evitan la influencia de los cambios climáticos en el interior de la casa. El techo del Salón de Usos Múltiples del hogar tiene paneles rellenos con espuma rígida de poliuretano y chapas galvanizadas pintadas con pigmentos que reducen la absorción de la radiación solar. Además, en la terraza hay colectores solares que usan esa energía para calentar el agua y la losa radiante en los pisos, y un sistema de recuperación de agua de lluvia que se dispone para el lavado de ropa, el riego y el uso sanitario.


Agua, gas y luz eléctrica se gastan en proporciones ínfimas en comparación a cualquier vivienda. De este modo, el clima interior de la séptima casa inteligente del mundo construida por BASF resiste temperaturas de 40 grados en verano y de 0 grados en invierno, manteniendo siempre un clima similar. Ni el aire acondicionado ni las estufas se vuelven imprescindibles.




La reciente aprobación de la ley de uso racional de la energía en la Provincia de Buenos Aires fomenta la difusión del trabajo hecho en la Casa E y contribuye a su imitación.


“La idea es que funcione como espacio pedagógico para capacitar técnicos que puedan poner en práctica estos conceptos en las construcciones, que el que quiera pueda contactarse con la empresa para venir a conocerla ”, explica López Casanello.

Tenía razón el Indio Carlos Solari cuando decía que el futuro llegó hace rato. Es cuestión de lograr que el mensaje sirva para mejorar el presente.

fuente: http://www.clarin.com/ciudades/casa-futuro-ahorra-contamina-ambiente_0_347965307.html

08 julio, 2010


Soja transgenica en Argentina, un desastre social y económico


La amplia experiencia adquirida en Argentina después de trece años de imposición del cultivo de soja transgénica resistente al glifosato dan la oportunidad al resto del mundo de aprender la lección y no repetir los errores ni permitir las imposiciones que hicieron posible que Argentina se convirtiera en apenas una década en una “republiqueta sojera”.
En 1996 y de manera absolutamente solapada y antidemocrática se permitió la introducción de la soja transgénica de Monsanto en sus campos. Sin estudios de impacto ambiental independientes, sin ningún tipo de consulta pública, sin ninguna discusión parlamentaria ni legislación que la avale. Una simple disposición de la Secretaría de Agricultura creó en 1991 la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia) que a partir de allí y con amplia participación de las corporaciones “asesoró” a la secretaría sobre la aprobación de OGM.
Ahora, mes con mes, se vive en Argentina la emergencia de un nuevo problema socioambiental debido a la invasión territorial producida por la imposición del monocultivo de soja transgénica de mano de Monsanto y de un puñado de terratenientes y asociaciones empresariales de siembra. Los impactos de las fumigaciones, el desmonte, el desplazamiento de campesinos, la falta de alimentos, las inundaciones y sequías, las nuevas enfermedades, son moneda corriente en las noticias pero solamente desde algunos medios alternativos aparece relacionada con la “sojización”.
Después de trece años de expansión del cultivo de la soja transgénica en Argentina las consecuencias socioambientales son una verdadera catástrofe. Presentamos un breve repaso por los datos concretos que hablan de la tragedia de la soja en el Cono Sur.
En Argentina se sembrará en el 2010, 18 millones de hectáreas de soja transgénica bajo la técnica de siembra directa.
Esta superficie representa más del 50% de la superficie agrícola del país.
Prácticamente 100% de la soja que se cultivará es soja transgénica resistente al herbicida glifosato (SOJA RR).
La SOJA RR es propiedad de Monsanto, la mayor empresa semillera del mundo y también creadora del glifosato, el herbicida que se debe utilizar para sembrar la SOJA RR. Monsanto controla 90% de las semillas transgénicas que se comercializan a nivel mundial.
Monsanto declaró que las ganancias generales aumentaron un 44% en 2007 con respecto al año anterior y un 120% en el 2008 en relación con el 2007.
Este año se aplicarán más de 200 millones de litros de glifosato sobre toda la superficie cultivada con soja en Argentina mientras en el año 1996 se utilizaban 13 millones 900 mil litros.
El producto comercial cuyo principio activo es el glifosato (Roundup) contiene además una serie de coadyuvantes que aumentan notablemente su toxicidad, fundamentalmente el surfactante poea (polioxietil amina) cuya toxicidad aguda es 3 a 5 veces mayor que la del glifosato.
Por supuesto que este uso intensivo de glifosato ya ha provocado el surgimiento de muchísimas malezas resistentes al glifosato. Algunas de las ya informadas son: Hybanthus parviflorus (Violetilla), Parietaria debilis (Yerba Fresca), Viola arvensis (Violeta Silvestre), Petunia axillaris (Petunia), Verbena litoralis (Verbena), Commelina erecta (Flor de Santa Lucía), Convulvulus arvensis (Correhuela), Ipomoea purpurea (Bejuco), Iresine difusa (Iresine) y recientemente el Sorghum halepense (Sorgo de alepo) que por ser una maleza muy difícil de controlar ha despertado gran alarma.
Luego de pasar más de una década negando el surgimiento de malezas resistentes, Monsanto a través de su vicepresidente admitió este hecho y propuso una solución: reemplazar a toda la soja resistente al glifosato por una nueva soja resistente a un nuevo herbicida: el dicamba —de hecho aún más tóxico que el glifosato.
Además se utilizarán otros herbicidas y agrotóxicos para controlar malezas y plagas del monocultivo de soja ya que la siembra directa requiere de la aplicación de otros herbicidas antes de la siembra de la soja: entre 20 y 25 millones de litros de 2-4-D, otros seis millones de litros de atrazina y unos seis millones de litros de endosulfán.
Esta lluvia de agrotóxicos produce tremendos impactos sobre la salud de la población, animales domésticos, cultivos alimenticios y contamina suelos, cursos de agua y el aire en toda la extensión del cultivo de soja. Suman cientos los casos denunciados por distintas organizaciones e investigadores en los cuales está perfectamente documentado el impacto de los agrotóxicos en las comunidades y sus producciones.
La difusión pública de estas denuncias ha llevado a que recientemente la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas solicitara a la Corte Suprema de Justicia de la Nación la prohibición de la fumigación con glifosato.
Este avance desenfrenado de la soja se ha producido a pesar de que según recientes investigaciones de la Universidad de Kansas la soja rr produce entre un 6 y un 10% menos que la soja convencional.
El monocultivo de soja repetido año tras años en los campos produce una intensa degradación de los suelos con una pérdida de entre 19 y 30 toneladas de suelo en función del manejo, la pendiente del suelo o el clima.
Cada cosecha de soja extrae año a año miles de toneladas de nutrientes de nuestro suelo que se exportan. Sólo como ejemplo podemos citar que cada año se van con la soja un millón de toneladas de nitrógeno y 160 mil toneladas de fósforo.
También cada cosecha de soja que se exporta se lleva unos 42500 millones de metros cúbicos de agua cada año (datos de la temporada 2004/2005) correspondiendo 28190 millones a la pampa húmeda.

Cada año se deforestan en Argentina más de 200 mil hectáreas de monte nativo por el avance de la frontera agrícola debido fundamentalmente a la expansión del monocultivo de soja.
Considerando que cada 500 hectáreas de soja requieren de un trabajador rural es evidente la expulsión de trabajadores rurales y campesinos de los territorios donde se cultiva.
Los grandes productores sojeros están obteniendo ganancias extraordinarias. El Grupo Los Grobo que declara cultivar 150 mil hectáreas en Argentina y en todo el Cono Sur (Paraguay, Brasil y Uruguay) apuesta a controlar 750 mil hectáreas.

El modelo sojero produce una enorme concentración de la tierra en pocas manos
ya sea por la adquisición de la tierra por grandes productores o por su arrendamiento por los “Pooles de Siembra”. Como consecuencia en los últimos 10 años se han perdido más del 20% de los establecimientos productivos.
La obvia consecuencia de esta concentración es que ha disminuido de manera dramática la producción de alimentos básicos para nuestro pueblo. Por citar sólo un ejemplo: el número de explotaciones lácteas disminuyó 50 por ciento entre 1988 y 2003, pasando de 30 mil a 15 mil.
En el caso del algodón su producción disminuyó en un 40% en la provincia de Chaco y un 78% en la provincia de Formosa como consecuencia del avance de la soja.
Miles de campesinos son expulsados violentamente de sus tierras para imponer este modelo y son criminalizados por resistir los desalojos y el avance de la soja. El Mocase-vc y el Movimiento Nacional Campesino Indígena permanentemente denuncian la persecución de campesinos del movimiento a causa de resistir la expulsión de sus tierras en forma violenta para imponer el cultivo de soja.
Finalmente es fundamental tener presente que la introducción de la soja transgénica en Argentina fue el mecanismo elegido por Monsanto para inundar de transgénicos el Cono Sur ya que fue desde Argentina desde donde se comercializó de manera ilegal la soja transgénica a Brasil, Paraguay y Bolivia (países en los que el cultivo de los transgénicos estaba prohibido), inundando estos países de transgénicos e imponiendo así, a partir de la contaminación, la República Unida de la Soja que poco tiempo después publicitaba Syngenta.

fuente: http://www.arbore.org/contido/soja-transgenica-en-argentina-un-desastre-social-y-economico

Regalías: la UE falló contra Monsanto

La Suprema Corte de Justicia de la Unión Europea (UE) dictó ayer el fallo final del extenso proceso que inició la multinacional Monsanto en 2004 para cobrar regalías por la soja transgénica RR sembrada en la Argentina. El dictamen resultó favorable a la posición nacional y será de aplicación en los 27 países del bloque. Define que la compañía no tiene derecho a reclamar a los importadores europeos los dineros que aquí no pagan los chacareros.
Luego de introducir la soja RR en la Argentina en 1996, y pese a no contar con patente, Monsanto comenzó a exigir regalías por su tecnología. Ante el rechazo del ex secretario de Agricultura, Miguel Campos, inició una serie de demandas en países europeos, donde sí la había patentado. Uno de esos casos llegó hasta el Tribunal Supremo de la UE, que dictaminó que el gen no se expresaba en la harina de soja argentina, principal subproducto del poroto.
El fallo tiene valor simbólico, pues Monsanto ya desistió de cobrar regalías por la soja RR. Pero la compañía decidió no lanzar en el país su soja RR2, una variedad mejorada, a la espera de un régimen legal que le asegure el cobro de sus innovaciones.

fuente: http://www.clarin.com/economia/Regalias-UE-fallo-Monsanto_0_293970650.html

 

02 junio, 2010


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